ÁMBAR
Miel, pino y un amargo que arranca la ronda. La de todos los brindis de entrada.
Cerveza fría, comida abundante y una mesa que invita a quedarse.
La gente viene por una pinta y se queda por la historia.
La Ronda no es un bar de menú y carta. Es un bar de ronda: se pide una pinta, se comparte una tabla y antes de que te des cuenta, ya sos parte de la mesa. Cerveza fría, comida abundante y una luz que nunca quiere terminar la noche.
La cerveza no es un ítem de la carta: es la excusa para quedarse. Cuatro tapas rotativas, criadas en frío y servidas como corresponde.
Miel, pino y un amargo que arranca la ronda. La de todos los brindis de entrada.
Chocolate amargo y un final de café. La que acompaña las sobremesas largas y las historias lentas.
La de todos los días. Liviana, fría y perfecta para brindar en cantidad sin perder el hilo.
Caramelo y roble. La favorita de los que se quedan hasta el cierre contando la misma noche.
Nada de platos diminutos ni fotos perfectas. Acá la comida llega abundante, caliente y para compartir. Sin cubiertos de más.
Miel y ají quemado. Hay que pedir dos, siempre.
Doble carne, cheddar y cebolla a la brasa.
La entrada oficial de toda mesa nueva.
Crocantes, con salsa de cobre y parmesano.
Cortes a la brasa con chimichurri de la casa.
Carnes, papas y salsas. Para dos, o para tres si se animan.
Acá pasan— la barra de La Ronda
cosas.
No hace falta plan: el bar la arma por vos. Avisá cuando estás llegando y el resto se acomoda solo.
Reservar mesaLa barra se llena de a poco. Dos pintas al precio de una: el ritual de la salida del trabajo.
Las mesas eligen un bando, se pide algo para comer y la noche ya tiene dueño.
Último pedido. Historias a medias, risas con volumen alto y una pinta más que nadie se acuerda de pedir.
La barra cierra, la leyenda no. Los que se quedan hasta el final se van con la historia más rara de la noche.
4,9 de 5 en más de 480 reseñas verificadas. Esto es lo que se cuenta de La Ronda.
"Vinimos por una cerveza y nos quedamos tres horas. Las alitas de miel son ilegales de buenas y la Ámbar no se termina."
"La Noche, la tabla del 456 y una mesa que no quería irse. Así se termina una noche en Buenos Aires."
"Ambiente que no se siente armado. Luz baja, música con volumen y gente que habla fuerte. Auténtico de verdad."