AURORA
La primera luz de la loma. Violetas, ciruela madura y un final de pimienta que acompaña toda la comida.
- NARIZ — violeta & ciruela
- BOCA — tanino firme
- GUARDA — 14 meses en barrica
Malbec, bonarda y chardonnay criados en la loma, a 850 metros sobre el mar.
Sin prisa, sin fórmulas: el vino se espera.
En 2009 plantamos la primera hilera a mano, contra el viento de la loma. Hoy son 18 hectáreas de malbec, bonarda y chardonnay que maduran lentas, sin fórmulas ni atajos de laboratorio. Vendimiamos de noche y criamos cada botella hasta que ella misma pide salir.
Arcilla, piedra y el aire seco de la loma. Nuestras parras hunden raíces donde otros no se animan, y por eso el fruto llega chico, concentrado y lento.
No seguimos modas: vendimiamos cuando la uva lo dice, fermentamos en la temperatura que ella elige y criamos en roble francés hasta que el vino se acomoda solo.
“El buen vino no se explica. Se espera en silencio,
y un día simplemente llega.” — los de la bodega
Cuatro formas de entender el mismo suelo. Cada botella guarda una añada, una decisión y el momento exacto en que la uva decidió.
La primera luz de la loma. Violetas, ciruela madura y un final de pimienta que acompaña toda la comida.
Un trazo firme entre dos cepas. Frutos rojos frescos, cacao y un paso por roble francés que deja huella.
Criado sobre sus lías, como el agua de la loma. Pera, cítricos y un final de miel que no se apura.
La frescura de la mañana en la loma. Frutillas, agua de rosas y una acidez viva que se bebe de entrada.
Entre julio y agosto, cada parra se poda a mano. Menos brotes, mejor fruta: así de simple, así de difícil.
En primavera la loma se llena de flores. Decidimos el rinde racimo por racimo, dejando que el aire haga lo suyo.
Cosechamos de noche, cuando la uva está fresca. Del racimo a la bodega en menos de una hora, sin descansos.
Barricas francesas y silencio. El vino se asienta solo, sin prisas, hasta que un día pide la botella.
El vino es poesía— Plano Viñedo, Buenos Aires
embotellada.
4,9 de 5 en más de 310 reseñas verificadas. Esto es lo que deja el vino de la loma.
“El Aurora es de esos vinos que se acuerdan. Violeta, ciruela, y una barrica que acompaña sin robarse el protagónico.”
“La visita a la loma valió cada kilómetro. Caminar las parras y después probar el Trazo en la barrica es otra cosa.”
“El Linfa me sorprendió. Cremoso, fresco, con esa miel del final. Un blanco que no se apura y se nota.”